Mostrando entradas con la etiqueta hipermagma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hipermagma. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de julio de 2013

La Saga de Rosco - Historia de Pando.

Fragmento de un libro de historia contemporánea:

Pando es la primera y única ciudad extraterrestre del Uruguay y el mundo orbitando la Tierra a una distancia menor a la de la Luna.

Pando visible sobre el horizonte Montevideano.

Originaria del departamento de Canelones, Pando sobrevivió el Año del Fuego gracias al uso de un domo de cristal que fue confiscado durante la Guerra de la Luna por Tabaré Vazquez. Este mismo domo fue el que les permitió sobrevivir en el espacio luego del intento fallido de replicar los experimentos de hipermagma del ex presidente Washington Abdala durante los años de las rebeliones feudales de los 19 departamentos después de que la explosión de hipermagma los arrojara hacia la estratósfera.

Hoy en día Pando es uno de los principales centros turísticos del Dominio Uruguayo, una metrópolis galáctica con visitantes de todas partes del planeta, gracias a estos ingresos es que mantener una población en Pando se volvió algo viable. Debido a la actividad turística y la lejanía del gobierno central, Pando ha visto crecer en sus calles un gran número de casinos, burdeles y actividades ilegales.

En los últimos años, la actividad del M.S.P. (Movimiento Separtista de Pando) ha cobrado mayor fuerza tanto en la ciudad como en Montevideo y el resto del Uruguay.


lunes, 23 de abril de 2012

La Saga de Rosco - Fall of Abdala

El calor inhumano agotaba sus ánimos, la vigilancia constante de los cyberblandengues agotaba sus almas, El Turco reía. Era cuestión de tiempo, en pocos minutos Abdala lograría el cometido de una vida, ser el primer presidente en domar lo indomable, el salvaje hipermagma que corre por las venas del mundo.

Una gota de sudor cayó de su frente y desapareció en el aire antes de tocar el suelo, clara seña de que su objetivo estaba cerca. "Más rápido" le gritaba a sus escalvos desde el alto parlante, la ansiedad lo consumía, esta fuente de energía y la promesa de un nuevo metal era lo que precisaba para llevar al Dominio Uruguayo a su debido lugar en el orden mundial. No más represión de los Caballeros de la Órden Cimarrónica, el pueblo uruguayo no seguiría ninguna regla, no, las impondría.

- Señor presidente, estas lecturas están fuera de control, eh.
- ¡Déjeme ver eso!
- Le sugiero que detenga la excavación, eh, hemos cavado muy profundo.
- ¡Yo le diré cuando sea muy profundo!
- ¡Señor, su ambición nos matará a todos!
- ¡Mi ambición nos salvará! ¡Caven más rápido! ¡Doble ración si terminan hoy!

Los esclavos apresuraron el paso, la promesa de polenta reanimó sus frágiles cuerpos, pero no por mucho.

- ¡Señor, a este paso será imposible mantener estable el hipermagma! ¡Eh!
- Conozco los riesgos, sigue haciendo tu trabajo Toto.
- Lo lamento señor, pero no puedo permitir que ponga en riesgo a toda esta gente, eh.

Da Silveira tomó su ballesta y disparó, "Toto..." suspiró Abdala con ojos vidriosos mientras caía al pozo de esclavos.

El trabajo de una vida se desvanecía frente a sus ojos, la vida dejaba su cuerpo como los esclavos abandonaban las instalaciones y el pasaría a la historia como el salvador que no pudo ser, alguien tomaría su lugar y se llevaría toda la gloria ¿Toto tal vez? El Turco cerró los ojos...

"¡No!" gritó con el aliento que aún le quedaba, mientras quedara vida en su cuerpo terminaría el trabajo, tomó el pico de un esclavo y con todas sus fuerzas golpeo el piso debajo de el. Los muros comenzaron a sacudirse, las instalaciones se desplomaban a su alrededor, cayó al suelo y vio, por un instante antes de ser devorado por las llamas, su preciado hipermagma...

lunes, 12 de marzo de 2012

La saga de Rosco. 1er fragmento.

Si algún día escribo un libro quiero que tenga esto en algún lado:

   Solo quedaban el y su motocicleta. Los cuerpos calcinados de sus enemigos ahora arte abstracto en el pavimento. Es una vida violenta, pero es su vida y a Rosco le gusta. Limpió sus botas, terminó su cigarro y se fue, pero no sin antes dejar una nota para El Duque: "¡Las calles viven!". El Duque entendería.
   El aire golpeaba su cara como un ladrillo mientras se perdía en el horizonte carmesí, la noche estaba cerca y estaba en tierra de carpinchoides. Montevideo ya no perdona a los débiles pero apremia a quienes saben cuando correr. Con poco tiempo en sus manos apretó el acelerador agotando sus reservas de hipermagma, si eso no fuera suficiente, confiaba en la pieza de kilo y medio de abdalium que llevaba siempre en su cintura, un recuerdo de una era más digna, una obra maestra del arte de matar. Había prometido no volver a disparar, pero sabía que era una promesa que, como muchas otras, estaba a punto de romper, el aliento de carpinchoide estaba en el aire...